PREDICACIÓN DE LAS SIETE PALABRAS


predicación de las siete palabras
Según el canon bíblico del Nuevo Testamento, “La predicación de las siete palabras” hace referencia a las siete frases o sentencias que hizo Jesús durante su crucifixión en el monte Calvario o Gólgota, traducido como “cráneo” o “calavera”, todo ello según Lucas; 23:33


Como se dijo, Gólgota en arameo y hebreo significa cráneo o calvario que procede de la voz griega kranion y del latin calvaria.

Es plausible que Cristo sólo pudiera articular estas siete frases a lo largo de todo el tiempo que padeció el tormento de la cruz, ya que era supremo el sufrimiento al que eran sometidos los condenados a este tipo de martirio; aun así, Jesús fue capaz de resistir lo suficiente como para realizar esta predicación de las siete palabras, que puede desmenuzarse de la siguiente manera:

Primera Palabra (Lucas 23:34)

"...Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen..."

Este es el ruego de Cristo al Creador, ya que en medio de la ignorancia y soberbia imperante en ese tiempo, Jesús decidió entregarse en sacrificio por el perdón de los pecados de la humanidad. Aun así aquéllos que iban a ser los destinatarios de su acto de amor, son los mismos que decidieron matarle.

Así queda demostrada cabalmente la humildad de Jesús, intercede por los hombres ante el Padre, pagando un elevado precio por ello y aceptando su destino, clamando a Dios para que los pecados de la humanidad sean perdonados y en el futuro puedan arrepentirse ante el Creador.

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Segunda Palabra (Lucas 23:43)

"... De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso."

Esta declaración es la respuesta de Jesús a la petición de un ladrón arrepentido que le decía:"Acuérdate de mí cuando estés en tu Reino" (Lucas 23:42).

Interpretando al ladrón, se desprende que él reconoce a Jesús como el Mesías y lejos de insultar y condenar a Cristo como los otros hacían, comprende que necesita redimirse de sus pecados, siendo Jesús su único camino a la salvación.

Jesús le prometió al ladrón una vida en el más allá, Él no lo condenó ni lo despreció. Este es un ejemplo que la gente de fe entiende que debe hacer; extender la gracia de Jesús hacia los necesitados, volviendo la mirada a quienes la sociedad ha rechazado.

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