La palabra cirio viene del latin “cereus” que significa de cera (el producto de las abejas). El cirio más importante es el que se enciende en la Vigilia pascual, como símbolo de Cristo, y a su vez es el símbolo más destacado del tiempo pascual. El hombre ha usado el fuego como señal de la presencia de Dios por largo tiempo. Ejemplo de ello se puede encontrar en el Antiguo Testamento: la zarza en el Monte Sinaí, la comuna de fuego en el desierto, entre otros. Los primeros cristianos utilizaron el fuego nuevo como símbolo de la presencia del Señor resucitado, bendecían y encendían velas todos los sábados en la noche. Con el tiempo, alrededor de los siglos quinto o sexto, esta práctica se relaciono con la celebración de la Resurrección, llegando el Cirio Pascual a incorporarse a la celebración litúrgica en la iglesia.
La resurrección de Jesucristo se simboliza con la luz –el fuego nuevo-, por lo que el Cirio Pascual significa que Cristo resucitado está presente con los hombres. Encenderlo representa la victoria de Cristo sobre la muerte, abriendo e iluminando el caminar del hombre en el seguimiento de Cristo y llenándolo de gozo y esperanza. Lleva una inscripción en forma de cruz, con la fecha del año y dos letras del alfabeto griego: alfa y omega, para indicar que Cristo está entre los hombre ahora y por toda la eternidad y recuerdan que Él es el principio y fin de todas las cosas. En el cirio también se colocan cinco granos de incienso, símbolos de las cinco llagas de Cristo en la cruz. El cirio pascual debe ser preferentemente grande, para que su simbolismo hable con claridad, al igual que su candelero.
El cirio que se enciende en la Vigilia Pascual se sitúa sobre una columna elegante o un candelabro adornado y en torno a él se proclama el solemne Pregón Pascual. El simbolismo del triunfo de Cristo sobre las tinieblas del pecado y la muerte es más visible cuando el cirio pascual es "introducido" cada año en la congregación durante la Vigilia Pascual. Cuando la Vigilia comienza, la iglesia está en oscuridad, simbolizando las tinieblas del sepulcro que contenía al Cristo crucificado. Un nuevo fuego es encendido y el cirio pascual es iluminado, representando al Cristo crucificado, la Luz del mundo, que ilumina el camino del hombre en la oscuridad. En la iglesia medieval, un Cirio Pascual apagado representaba al Cristo muerto y sepultado, y encendido, representaba el esplendor y la gloria de la resurrección de Cristo. La mecha representaba la humanidad de Cristo, y el halo de la llama representaba su divinidad.
A lo largo de los cincuenta días de Pascua –que dura hasta Pentecostés-, el Cirio Pascual tradicionalmente se ubica cerca del altar, y se enciende para cada celebración litúrgica en este tiempo. Idealmente, un nuevo cirio se inscribe y se enciende cada año además de que debería permanecer encendido continuamente desde la Vigilia de Pascua hasta Pentecostés. Una vez concluido el tiempo Pascual, el cirio se conservar en la fuente bautismal como recordatorio visual de que el hombre en el bautismo es crucificado y resucitado con Cristo. Algunas tradiciones señalan que el Cirio Pascual se apague finalmente durante la lectura del Evangelio en el Día de la Ascensión de Nuestro Señor, enfatizando la presencia de Jesús después de la resurrección, en vez del énfasis de la presencia del Cristo Resucitado de nuestra época. El simbolismo integral del cirio pascual insta a dejarlo encendido y en lugar central durante todo el tiempo de Pascua.
El cirio es encendido en cada Bautismo y una pequeña vela bautismal es encendida a partir del cirio para ser entregada al bautizado o sus padrinos, recordando el vínculo entre el Bautismo y la Pascua. Durante los ritos funerarios, es encendido y ubicado en su candelero en la cabecera del féretro. Su uso en bautizos y exequias, al principio y el término de la vida temporal, simboliza que un cristiano participa de la luz de Cristo a lo largo de todo su camino terreno, como garantía de su definitiva incorporación a Luz de la vida eterna. Además tiene también el simbolismo de la ofrenda, como cera que se gesta en honor de Dios, esparciendo su Luz.
La resurrección de Jesucristo se simboliza con la luz –el fuego nuevo-, por lo que el Cirio Pascual significa que Cristo resucitado está presente con los hombres. Encenderlo representa la victoria de Cristo sobre la muerte, abriendo e iluminando el caminar del hombre en el seguimiento de Cristo y llenándolo de gozo y esperanza. Lleva una inscripción en forma de cruz, con la fecha del año y dos letras del alfabeto griego: alfa y omega, para indicar que Cristo está entre los hombre ahora y por toda la eternidad y recuerdan que Él es el principio y fin de todas las cosas. En el cirio también se colocan cinco granos de incienso, símbolos de las cinco llagas de Cristo en la cruz. El cirio pascual debe ser preferentemente grande, para que su simbolismo hable con claridad, al igual que su candelero.
El cirio que se enciende en la Vigilia Pascual se sitúa sobre una columna elegante o un candelabro adornado y en torno a él se proclama el solemne Pregón Pascual. El simbolismo del triunfo de Cristo sobre las tinieblas del pecado y la muerte es más visible cuando el cirio pascual es "introducido" cada año en la congregación durante la Vigilia Pascual. Cuando la Vigilia comienza, la iglesia está en oscuridad, simbolizando las tinieblas del sepulcro que contenía al Cristo crucificado. Un nuevo fuego es encendido y el cirio pascual es iluminado, representando al Cristo crucificado, la Luz del mundo, que ilumina el camino del hombre en la oscuridad. En la iglesia medieval, un Cirio Pascual apagado representaba al Cristo muerto y sepultado, y encendido, representaba el esplendor y la gloria de la resurrección de Cristo. La mecha representaba la humanidad de Cristo, y el halo de la llama representaba su divinidad.
A lo largo de los cincuenta días de Pascua –que dura hasta Pentecostés-, el Cirio Pascual tradicionalmente se ubica cerca del altar, y se enciende para cada celebración litúrgica en este tiempo. Idealmente, un nuevo cirio se inscribe y se enciende cada año además de que debería permanecer encendido continuamente desde la Vigilia de Pascua hasta Pentecostés. Una vez concluido el tiempo Pascual, el cirio se conservar en la fuente bautismal como recordatorio visual de que el hombre en el bautismo es crucificado y resucitado con Cristo. Algunas tradiciones señalan que el Cirio Pascual se apague finalmente durante la lectura del Evangelio en el Día de la Ascensión de Nuestro Señor, enfatizando la presencia de Jesús después de la resurrección, en vez del énfasis de la presencia del Cristo Resucitado de nuestra época. El simbolismo integral del cirio pascual insta a dejarlo encendido y en lugar central durante todo el tiempo de Pascua.
El cirio es encendido en cada Bautismo y una pequeña vela bautismal es encendida a partir del cirio para ser entregada al bautizado o sus padrinos, recordando el vínculo entre el Bautismo y la Pascua. Durante los ritos funerarios, es encendido y ubicado en su candelero en la cabecera del féretro. Su uso en bautizos y exequias, al principio y el término de la vida temporal, simboliza que un cristiano participa de la luz de Cristo a lo largo de todo su camino terreno, como garantía de su definitiva incorporación a Luz de la vida eterna. Además tiene también el simbolismo de la ofrenda, como cera que se gesta en honor de Dios, esparciendo su Luz.



el cirio pascual es unas vela o una nueva vida
ResponderEliminarLa base de la sociedad mundial es romana griega y luego las otras razas, por tal motivo las letras del Cirio Pascual deberían ser griegas y romanas al mismo tiempo...No se puede ser griego sin ser romano y no se puede ser romano sin ser griego y se debe invocar siempre al Sagrado Corazón de todos...
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