El Sábado Santo es un día de luto para los creyentes, es un día para meditar, rezar, contemplar y esperar junto al sepulcro de Cristo. Durante la noche del sábado al domingo, la iglesia medita acerca de la pasión y muerte de nuestro Señor y su descenso a los infiernos, aguardando la tan esperada resurrección. La Vigilia Pascual se desarrolla en cuatro partes: Liturgia de la Luz, Liturgia de la Palabra, Liturgia Bautismal y Liturgia Eucarística.
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LA MISA DEL SÁBADO SANTO
El Sábado Santo, antes llamado Sábado de Gloria (hasta la reforma litúrgica de 1955) es un día de la Semana Santa en el cual los cristianos meditan acerca de la pasión y muerte de Jesús. En este día se conmemora a Cristo en el sepulcro y su descenso al abismo y se lleva a cabo en la madrugada del Sábado Santo al Domingo de Resurrección. En este día también se conmemora la soledad y el dolor de la Virgen María, por la muerte de su hijo Jesús.
LA VIGILIA PASCUAL
Se celebra
el Sábado Santo durante la noche. Es
una vigilia en honor del Señor. Según la tradición (Ex. 12, 42), los fieles
mantenían encendidas las lámparas como aguardando a que su Señor vuelva, para
que al llegar, los encuentre despiertos y los haga sentar a su mesa. Durante
los primeros siglos de la Iglesia, los bautizos para lo que querían ser cristianos
solían realizarse por la noche del Sábado Santo. Para esto, se preparaban
durante los 40 días de la Cuaresma. Además, admitía como miembros de la
asamblea, a aquellos que durante este día hacían penitencia pública por sus
faltas y pecados. En la actualidad, esta celebración conserva ese sentido,
permitiéndonos renovar las promesas bautismales y acercarnos a la Iglesia con
un espíritu renovado. Consta de tres partes importantes, que finalizan con la
Liturgia Eucarística.
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